Temas de la semana

El petróleo vuelve a tensarse

Ormuz, oleoductos alternativos y el riesgo de un diésel más caro

Descarga la aplicación para escuchar este podcast y muchos más.

Crea podcasts a la carta y lleva Five Cents contigo en iPhone y Android.

Descargar la aplicación ↗
Escuchar: El petróleo vuelve a tensarse

Introducción

Arrancamos con Five Cents. El petróleo vuelve a tensarse. Vamos a entender por qué las exportaciones de Oriente Medio están bajo presión y cómo una crisis de rutas puede acabar afectando al diésel, al transporte y a la inflación.

El estrecho de Ormuz

El estrecho de Ormuz, los oleoductos de Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, la información incompleta sobre los buques y la duración de la tensión son las piezas decisivas. La primera es distinguir entre menos petróleo disponible y menos capacidad para moverlo. No hay un cierre total y uniforme del suministro. El problema es que varias vías de salida funcionan con menos margen y más riesgo.

La Agencia Internacional de la Energía calcula que en agosto cruzaron el estrecho de Ormuz unos siete coma seis millones de barriles diarios, muy por debajo de los niveles previos al conflicto. Ormuz conecta el golfo Pérsico con el océano Índico. Es una ruta esencial para crudo, gas natural licuado y productos refinados.

Que siga habiendo tránsito no elimina el problema. Una arteria que mueve menos volumen obliga a redistribuir cargamentos, encarece los seguros y deja al mercado más expuesto a cualquier incidente. Arabia Saudí tiene una alternativa importante: el oleoducto East-West, que lleva crudo desde el este del país hasta Yanbu, en la costa del mar Rojo.

Esa vía permite evitar Ormuz y ganó valor durante la crisis. Pero su cierre tras ataques a principios de septiembre redujo justo la flexibilidad que Riad necesitaba. Arabia Saudí conserva capacidad de almacenamiento y puede reorganizar parte de sus exportaciones. Pero no puede sustituir sin coste ni demora todo el flujo marítimo.

Además, el mar Rojo tampoco es una ruta plenamente segura. Los ataques contra la navegación han elevado los desvíos, los tiempos de viaje y las primas de seguro. Emiratos Árabes Unidos dispone de otra salida: el oleoducto hacia Fujairah, en la costa oriental, fuera de Ormuz. Es una válvula de escape real, pero limitada. Depende de la capacidad del tubo, de las terminales, de los tanques disponibles y de que haya petroleros dispuestos a cargar en un entorno de riesgo.

Irak también busca alternativas terrestres y conexiones hacia el Mediterráneo, aunque esos corredores no pueden reemplazar de golpe el volumen que normalmente sale por el golfo. En paralelo, las acusaciones saudíes sobre ataques vinculados a grupos con base en Irak siguen siendo acusaciones, no responsabilidades demostradas públicamente.

La incertidumbre añade otra capa

La incertidumbre añade otra capa. El mercado sigue los buques con señales AIS, que transmiten posición e identidad. Pero en una zona de conflicto, algunos transpondedores se apagan, hay interferencias de GPS y también señales manipuladas. Ver menos petroleros en un mapa puede significar menos tráfico, barcos esperando fuera de la zona o simplemente menor visibilidad.

Por eso, los analistas cruzan esos datos con imágenes satelitales, actividad portuaria, cargas confirmadas e inventarios. El mercado no espera a tener una fotografía perfecta. Cuando aumenta el riesgo de interrupción, el precio incorpora una prima casi de inmediato. La duración de la crisis será determinante.

Si las rutas recuperan normalidad en semanas, las existencias comerciales, los cargamentos ya contratados y el aumento de producción en otros países pueden amortiguar buena parte del golpe. Si el problema se prolonga durante meses, la presión puede desplazarse del barril a productos concretos. El diésel es especialmente sensible porque mueve camiones, maquinaria, barcos y parte de la industria. También puede tensionarse el combustible de aviación.

El golfo no solo exporta crudo. Concentra refinerías y grandes flujos de gasóleo. Si se reducen esas entregas, los precios de los combustibles refinados pueden subir incluso más que el petróleo bruto. El efecto sobre los consumidores no es automático ni idéntico en todas las gasolineras. El precio final incorpora el coste del crudo, el refino, el transporte, la distribución, los impuestos y los márgenes.

También pesan el tipo de cambio entre el euro y el dólar y los contratos de compra de cada empresa. Por eso, una subida del petróleo puede tardar días o semanas en reflejarse. Y una bajada tampoco llega siempre con la misma velocidad. Para hogares y empresas, la referencia útil no es solo la cotización del barril. Es la evolución del gasóleo y de los costes de logística.

Una crisis prolongada afecta primero a sectores que consumen combustible de forma intensiva: transporte por carretera, aviación, pesca, agricultura y reparto urbano. El gasóleo encarece los desplazamientos de mercancías y el uso de maquinaria agrícola. A partir de ahí, puede trasladarse a alimentos y bienes cotidianos, aunque no de manera uniforme.

Las ayudas al gasóleo agrícola

Las ayudas al gasóleo agrícola, pesquero y a determinados insumos pueden amortiguar una parte del impacto. Pero no eliminan el coste energético de fondo ni la incertidumbre sobre los suministros. La cuestión, por tanto, no es que el mundo se haya quedado sin petróleo. Es que varias rutas y alternativas se han estrechado al mismo tiempo.

Cuanto más dure esa situación y más bajen los inventarios, mayor será el riesgo de que la tensión pase del mercado del crudo al diésel, al transporte y a los precios cotidianos.

Para continuar, puedes generar Cómo se forma el precio de la gasolina o Reservas estratégicas de petróleo: cuándo se usan.

Ya estás al día en cinco minutos.

Descarga la aplicación para escuchar este podcast y muchos más.

Crea podcasts a la carta y lleva Five Cents contigo en iPhone y Android.

Descargar la aplicación ↗