Introducción
En Five Cents, La ofensiva junto a Bab el-Mandeb nos ayuda a entender qué intenta recuperar el Gobierno yemení y qué sabemos realmente de sus avances. Veremos quién domina las posiciones costeras, qué papel tiene Arabia Saudí y por qué esta ruta importa para el comercio. Para empezar, conviene separar dos cosas. Controlar territorio junto al estrecho no equivale a controlar toda la navegación.

Qué está pasando
Bab el-Mandeb conecta el mar Rojo con el golfo de Adén. Es el acceso meridional al corredor que continúa hacia el canal de Suez. Los barcos que utilizan esa ruta entre Asia y Europa atraviesan ambos pasos. Tener posiciones en sus costas o en las islas cercanas permite vigilar y amenazar el tráfico. Pero dominar una localidad, disponer de apoyo aéreo y garantizar el paso seguro de los buques son capacidades distintas.
Esa diferencia es esencial para interpretar la ofensiva. El Gobierno reconocido internacionalmente quiere recuperar territorio ocupado por los hutíes, el movimiento que tomó la capital, Saná, en dos mil catorce. Su presidente del Consejo de Liderazgo Presidencial, Rashad al-Alimi, presenta la operación como un intento de restablecer la autoridad estatal. En el frente costero, la prioridad inmediata es hacer retroceder a las fuerzas hutíes y alejarlas del estrecho.
Con la información disponible hasta el cinco de octubre de dos mil veintiséis, a las once y diez de la mañana, hora universal, la respuesta es limitada pero clara: los ataques han empezado. El alcance de los avances no está verificado de manera independiente. No hay base para afirmar que el Gobierno haya recuperado el estrecho o que la reconquista de Saná sea un resultado cercano.
La secuencia reciente explica por qué se ha abierto este frente. En septiembre, los hutíes habían tomado la ciudad portuaria de Mokha y la isla de Mayyun, también conocida como Perim, además de avanzar por la costa del mar Rojo. Mayyun está situada en el propio estrecho. Esas posiciones reforzaban su presencia en el lado yemení del paso y daban valor estratégico a cualquier operación para hacerlos retroceder.
El cuatro de octubre
El cuatro de octubre, Al-Alimi anunció la ofensiva. Al día siguiente, fuerzas alineadas con el Gobierno atacaron posiciones hutíes en Dhubab, una localidad costera de la provincia de Taiz, con apoyo aéreo saudí. El objetivo inmediato en ese sector sería revertir los avances de septiembre. Es una operación concreta sobre un frente costero, aunque el discurso político la sitúe dentro de una campaña mucho más ambiciosa.
Aquí aparece la principal incertidumbre. Portavoces y fuentes vinculados al Gobierno reivindicaron avances en el distrito. Sin embargo, confirmar el comienzo de los ataques no permite confirmar cada posición conquistada. Con la evidencia disponible a la hora de corte, no puede darse por recuperado Dhubab, ni Mayyun, ni el acceso completo al estrecho. Durante los combates, además, el control de una posición puede cambiar rápidamente.
También importa distinguir el papel saudí. Arabia Saudí encabeza desde dos mil quince una coalición que apoya al Gobierno yemení. En esta operación aporta apoyo aéreo. Pero proteger el estrecho desde el aire, como sostiene la parte saudí, no demuestra que las fuerzas terrestres controlen sus costas e islas. Para evaluar el resultado harán falta comprobaciones del territorio ocupado y de la capacidad real para mantenerlo.
La ofensiva ocurre, además, en un país con fuerzas progubernamentales fragmentadas. Compartir un adversario no significa disponer de una autoridad unificada sobre todo el terreno. La tregua de dos mil veintidós redujo los principales combates, pero las advertencias de una nueva escalada y los esfuerzos diplomáticos de finales de septiembre muestran que esa contención sigue siendo frágil.
Para la población de Taiz y de la costa
Para la población de Taiz y de la costa, la consecuencia inmediata es la reanudación de combates cerca de sus comunidades. Fuera de Yemen, el riesgo se transmite por las rutas marítimas. Si las navieras consideran demasiado peligroso atravesar el mar Rojo, pueden rodear África por el cabo de Buena Esperanza. Eso alarga los trayectos y mantiene los barcos ocupados durante más tiempo.
Las alteraciones de dos mil veinticuatro mostraron que los desvíos podían aumentar la demanda de capacidad de transporte. Ese antecedente explica el mecanismo, pero no mide el tráfico ni los costes de octubre de dos mil veintiséis. Tampoco permite calcular una subida concreta de precios. El balance, por tanto, mantiene separadas la ambición política, la operación militar y sus resultados. Hay ataques confirmados y avances reivindicados, no una recuperación territorial comprobada. Y la seguridad marítima exige algo más que ocupar una posición costera.
Para profundizar, puedes generar dos nuevos Five Cents: Cómo los desvíos marítimos encarecen el comercio y Por qué Yemen tiene tantos frentes de poder. Ya estás al día en cinco minutos.


