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La crisis de Gaza sigue bloqueada

El choque entre desarme, retirada israelí y garantías internacionales

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Arrancamos con Five Cents. La crisis de Gaza sigue bloqueada. Hoy entenderemos por qué Israel ha rechazado la secuencia propuesta por Estados Unidos y qué separa todavía a Netanyahu, Hamás y los mediadores.

Hablaremos del desarme, la retirada israelí, el gobierno provisional de Gaza y las garantías de seguridad que nadie considera suficientes. El bloqueo se entiende mejor con una pregunta muy concreta: ¿quién da el primer paso?

El plan estadounidense no se limita a pedir un alto el fuego. Propone una transición completa: liberación de rehenes, entrada de ayuda, desarme de Hamás, una administración palestina tecnocrática, reconstrucción y una fuerza internacional de estabilización.

La idea es que Gaza deje de estar gobernada por Hamás y no quede bajo ocupación o anexión israelí.

La disputa está en el orden. Washington plantea avances paralelos y escalonados. Hamás entregaría armas y desmontaría túneles bajo supervisión internacional. Al mismo tiempo, Israel retiraría tropas por fases, según se cumplieran hitos verificables.

Una comisión palestina se ocuparía de los servicios públicos. Una fuerza internacional apoyaría a una policía palestina y colaboraría en las fronteras.

Israel acepta el objetivo declarado de desarmar a Hamás, pero no confía en esa secuencia. Netanyahu sostiene que las tropas israelíes no deben retirarse de sus posiciones hasta que Hamás esté completamente desarmado.

No habla solo de armas pesadas. Exige desmantelar túneles, fábricas, depósitos y cualquier estructura que permita reconstruir capacidad militar.

Su argumento es de seguridad. Si Israel se repliega antes de que el desarme sea total y comprobable, Hamás podría conservar armas, reorganizarse o rearmarse.

Desde esa lógica, una fuerza internacional todavía por desplegar no ofrece garantías suficientes. Además, dentro del Gobierno israelí hay sectores que rechazan cualquier retirada sustancial mientras persista una amenaza armada.

Hamás plantea el problema en sentido inverso. La organización no quiere entregar las armas sin garantías de que Israel detendrá sus ataques, cumplirá el protocolo humanitario y se retirará por completo de Gaza.

Teme que un desarme previo la deje sin margen de presión mientras Israel mantiene el control militar sobre el territorio.

Hamás ha mostrado disposición a ceder la administración civil a un comité tecnocrático palestino. Pero vincula el debate sobre las armas a una retirada israelí real, a la reconstrucción y a garantías internacionales contra una nueva ofensiva.

También reclama un horizonte político para los palestinos. El plan estadounidense lo deja abierto, e Israel no lo asume como un compromiso inmediato.

Por eso no basta con decir que una parte rechaza la paz y la otra la acepta. Las dos rechazan asumir primero el riesgo que consideran existencial.

Israel teme perder control territorial antes de neutralizar a Hamás. Hamás teme perder su capacidad armada antes de que Israel abandone Gaza.

Estados Unidos intenta cerrar esa brecha con una retirada y un desarme simultáneos, vigilados por actores internacionales. Pero la confianza entre las partes es mínima.

Aquí entra el papel de Washington. Estados Unidos es el arquitecto político del plan, preside la Junta de Paz que supervisaría la transición y tendría que ayudar a reunir la fuerza internacional.

También es el actor externo con mayor capacidad de presionar a Israel. Egipto, Qatar y Turquía mantienen canales con las facciones palestinas. Varios países árabes podrían participar en la seguridad, la reconstrucción o la formación de fuerzas palestinas.

El problema práctico es enorme. ¿Quién certifica que un túnel ha sido destruido? ¿Qué ocurre si aparecen armas ocultas? ¿Cuándo se considera que Gaza ya no representa una amenaza? ¿Y qué pasa si una de las partes acusa a la otra de incumplir?

Sin respuestas aceptadas por ambos lados, la fuerza internacional no puede desplegarse con facilidad. La administración civil queda en suspenso y la reconstrucción se retrasa.

El rechazo israelí no significa necesariamente que la negociación haya terminado. Netanyahu ha enviado observaciones a Washington y los canales siguen abiertos.

Pero sí deja claro que Israel no acepta, por ahora, retirarse mientras el desarme está en marcha. Eso endurece también la posición de Hamás, que verá menos razones para entregar armas sin garantías más firmes.

En resumen, el plan intenta intercambiar tres cosas a la vez: seguridad para Israel, salida militar para Gaza y una administración palestina distinta de Hamás.

El bloqueo nace de la secuencia: Israel exige desarme total antes de retirarse; Hamás exige retirada y garantías antes de desarmarse.

Y Estados Unidos necesita convertir promesas políticas en mecanismos que ambas partes puedan verificar.

Para continuar profundizando, puedes generar otros Five Cents sobre El futuro de la administración de Gaza y Las fuerzas internacionales en conflictos armados.

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