Introducción
En Five Cents, Las startups españolas que quieren cambiarlo todo sirve para mirar más allá de las rondas millonarias. Factorial y Perk quieren ordenar la gestión interna de las empresas. Wallbox quiere cambiar la relación entre coche y energía. Y PLD Space, Multiverse Computing y Oryzon se mueven entre cohetes, inteligencia artificial y biotecnología.

El punto de partida más claro está en el software
El punto de partida más claro está en el software. Ahí, crecer depende de convertir una tarea cotidiana en un servicio difícil de abandonar. Una startup no cambia un sector solo por tener una tecnología llamativa. Tiene que resolver un problema concreto, venderlo de forma repetida y sostener sus costes.
En España se invirtieron alrededor de tres mil cien millones de euros en startups en dos mil veinticinco. Pero esa cifra mezcla empresas y necesidades muy distintas. No requiere lo mismo una plataforma de recursos humanos que un cohete o un medicamento en ensayo clínico. Factorial nació en Barcelona para reunir vacaciones, nóminas, control horario, gastos y documentación laboral en una sola plataforma.
Sus fundadores, Jordi Romero, Bernat Farrero y Pau Ramón, han llevado la compañía desde un software de recursos humanos a una propuesta más amplia, con automatización e inteligencia artificial. La ambición es convertirse en el sistema operativo de una pyme o empresa mediana. Su reto, sin embargo, es adaptar el producto a normativas laborales y fiscales de muchos países, retener clientes y demostrar que añadir módulos mejora el negocio sin volverlo demasiado complejo.
Perk, antes TravelPerk, sigue una lógica parecida desde los viajes corporativos. Avi Meir, Javier Suárez y Ron Levin arrancaron resolviendo reservas y políticas de viaje. Pero la compra de Yokoy abrió la puerta a gastos, facturas, tarjetas y pagos. La idea es que el viaje no termine cuando aterriza el empleado, sino cuando Finanzas ha cerrado toda la operación.
La ronda de doscientos millones de dólares de dos mil veinticinco da músculo para crecer, pero también eleva la exigencia: integrar dos negocios, competir con plataformas muy consolidadas y funcionar en un mercado sensible a los recortes empresariales. Al pasar al mundo físico, la dificultad cambia.
Wallbox vende cargadores para vehículos eléctricos
Wallbox vende cargadores para vehículos eléctricos, pero su apuesta real es gestionar energía: coordinar coche, cargador, paneles solares y consumo del hogar o de una empresa. Enric Asunción, Eduardo Moreno y Oriol Cortés han construido una compañía que combina hardware y software. Aquí no basta con una buena aplicación. Hay que fabricar, instalar, dar soporte, competir en precio y adaptarse a ayudas, permisos y estándares.
El cargador puede ser una pieza clave de la electrificación, pero necesita demanda suficiente y márgenes que aguanten una competencia intensa. PLD Space y Pangea Aerospace representan otra liga: la industria espacial. PLD Space, fundada en Elche por Raúl Torres y Raúl Verdú, trabaja en MIURA cinco, un lanzador para pequeños satélites.
Su demostrador MIURA uno fue una señal técnica relevante. Pero el salto decisivo será lanzar a órbita con seguridad, frecuencia y costes competitivos. Pangea desarrolla motores y propulsión reutilizable. Su desafío es transformar pruebas de ingeniería en componentes certificados y fabricables en serie.
En ambos casos, el capital compra años de desarrollo, instalaciones y ensayos. No compra automáticamente contratos recurrentes ni lanzamientos rentables. Multiverse Computing muestra otro tipo de promesa. La empresa de San Sebastián trabaja en software cuántico y en compresión de modelos de inteligencia artificial: reducir su tamaño y consumo para desplegarlos con menos memoria y coste.
Es una necesidad real, sobre todo si la inteligencia artificial sale de los grandes centros de datos. Pero conviene separar las capas. Una mejora técnica anunciada no equivale todavía a una ventaja comercial sostenida. Hay que comparar resultados de forma independiente, conseguir clientes recurrentes y resistir que grandes fabricantes de chips o proveedores de nube incorporen capacidades similares.
Oryzon Genomics lleva esa prudencia al extremo
Oryzon Genomics lleva esa prudencia al extremo. Desarrolla tratamientos basados en epigenética para enfermedades neurológicas y oncológicas. Sus treinta millones de euros captados en dos mil veinticinco permiten financiar investigación clínica, pero no anticipan que un medicamento vaya a funcionar o a ser aprobado.
En biotecnología, los ensayos, la seguridad, la eficacia y la regulación mandan mucho más que el tamaño de una ronda. Por eso, al seguir estas empresas conviene mirar menos el titular de financiación y más el hito que debe desbloquear: renovaciones y márgenes en software, fabricación y demanda en movilidad, lanzamientos en espacio, pruebas comparables en inteligencia artificial y resultados clínicos en salud.
Para continuar, puedes generar un Five Cents sobre Cómo leer una ronda de financiación o sobre La nueva industria espacial europea.
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