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Ayúdame a entender el cine de Almodóvar

De la Movida a Volver: deseo, madres y familias elegidas

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Arrancamos con Five Cents para entender el cine de Almodóvar sin convertirlo en una lista de títulos.

Vamos a recorrer sus raíces manchegas, la energía de la Movida, el paso de la comedia al melodrama y sus obsesiones: el deseo, las madres, el cuidado y las familias que se construyen fuera de lo convencional. El mejor punto de partida es asumir que su cine mezcla memoria e invención.

Pedro Almodóvar nació en Calzada de Calatrava y pasó parte de su infancia entre La Mancha y Extremadura. Esa memoria rural vuelve en pueblos, cocinas, secretos familiares y mujeres que sostienen la vida cotidiana. Pero sus películas no son diarios personales. Toman voces, lugares y experiencias reconocibles, y los transforman con humor, canciones, colores y géneros cinematográficos.

También importa cómo llegó al cine. Se instaló en Madrid cuando no podía estudiar en una escuela oficial. Se formó viendo películas, escribiendo, trabajando, haciendo teatro y participando en la cultura nocturna. Durante años fue administrativo en Telefónica, compró una cámara Super-8 y rodó cortos con amigos.

Ahí nace una idea clave: antes de convertirse en un autor internacional, aprendió a contar historias mezclando interpretación, música, montaje y contacto directo con el público.

Sus primeras películas, como Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón, tienen la energía desordenada de la Movida madrileña. Hay provocación, sexualidad, cultura pop y personajes que rompen con la respetabilidad heredada.

No hace falta verlas como una postal de toda la España de la Transición. La Movida fue un espacio cultural muy visible, pero convivió con conflictos sociales, violencia y desigualdades. En Almodóvar funciona, sobre todo, como permiso para filmar vidas que antes apenas tenían lugar en pantalla.

Con Mujeres al borde de un ataque de nervios, esa energía se vuelve una comedia de precisión. Los colores, los teléfonos, los anuncios y los pisos no están de adorno. Cuentan la ansiedad, la soledad y el deseo de ser escuchado.

Después, en películas como La ley del deseo, Hable con ella o La mala educación, el deseo gana complejidad. Puede liberar, pero también implicar obsesión, desigualdad, abuso o daño.

Por eso conviene evitar una lectura demasiado simple de Almodóvar como cineasta de la celebración. Su obra también mira zonas incómodas.

El centro emocional de su filmografía está en el cuidado y en las familias elegidas. Todo sobre mi madre muestra que una familia no depende solo de la sangre. Puede formarse con amistades, compañeros de trabajo, artistas, personas trans o gente que decide hacerse cargo de otra.

Volver lleva esa idea al terreno de la memoria familiar. Varias generaciones de mujeres sobreviven a pérdidas, secretos y violencia mediante la solidaridad. Y Madres paralelas conecta la maternidad con una memoria histórica que no queda resuelta mientras haya desaparecidos sin identificar.

Si quieres ver cómo trabaja su estilo, fíjate en algo más que en el color. Las canciones dicen a menudo lo que un personaje no logra expresar. Los objetos y la decoración convierten las casas en escenarios afectivos.

El melodrama intensifica los conflictos, mientras el humor impide que los personajes queden reducidos a víctimas solemnes. En una misma película puede haber dolor, una escena doméstica, una revelación familiar y una canción.

Esa mezcla no rebaja lo trágico. Se parece más a la forma en que la gente intenta seguir viviendo.

Para entrar en su cine, una ruta muy eficaz es empezar con Mujeres al borde de un ataque de nervios, seguir con Todo sobre mi madre y terminar con Volver. Ahí están la comedia, las familias elegidas y la memoria de La Mancha.

Después, Dolor y gloria permite mirar hacia atrás. Es su película más cercana al autorretrato, con un director que recuerda infancia, deseo, religión, enfermedad y cine. Pero Salvador Mallo no es Almodóvar de forma literal. Es un personaje construido con materiales autobiográficos y decisiones de ficción.

El error más habitual es reducirlo a “mucho color” o explicar cada madre cinematográfica como un retrato de la suya. También conviene mirar Hable con ella con distancia crítica, porque plantea límites éticos sobre cuidado, intimidad y consentimiento.

La mejor manera de entenderlo es comparar películas de épocas distintas y preguntarse qué cambia: del escándalo inicial a la emoción más contenida, y de la ruptura de las normas a la reconstrucción de vínculos.

En resumen, Almodóvar convierte memoria, cultura popular y géneros clásicos en historias sobre personas que intentan inventarse una vida habitable. Su cine habla de deseo, pero también de sus consecuencias. Habla de familia, pero de familias que se hacen y se deshacen.

El siguiente paso puede ser un Five Cents sobre las tres mejores puertas de entrada a su filmografía, o sobre cómo utiliza la música y el melodrama.

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