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La Vuelta limita a Erola Jons, presión sobre Makoto y debate por Assal

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En Five Cents semanal de Fama y Redes, la conversación viene marcada por los límites del contenido viral.

Erola Jons sigue en La Vuelta, pero con nuevas reglas. Aruberuto Makoto afronta más presión tras los clips de Tokio. Y Miguel Assal mantiene una charla pública pese a la polémica por sus vídeos de rescates.

El hilo común es claro: cuando una polémica escala en redes, eventos e instituciones tienen que decidir qué hacen después. Y el mejor lugar para empezar es La Vuelta, donde esa decisión ya ha cambiado las condiciones de trabajo.

Erola Jons no se baja de la carrera, pero ya no tendrá el mismo acceso. La creadora catalana, con más de seis millones de seguidores entre TikTok e Instagram, fue contratada para acercar La Vuelta a públicos jóvenes. Lo haría con vídeos junto a corredores y contenido más informal.

Sus interacciones con figuras como Tadej Pogačar o Josh Tarling generaron críticas entre aficionados y parte del entorno ciclista. Se cuestionaron el tono y el tipo de acceso.

Unipublic respondió el 24 de agosto con límites concretos. Para determinados contenidos, Jons deberá pedir autorización previa. Tampoco podrá moverse libremente entre equipos y ciclistas.

Al día siguiente, ella defendió en redes que seguirá «dándole marcha» al proyecto. También presentó el ruido como parte de la conversación que despiertan sus vídeos.

Aquí hay dos lecturas que conviven. Una parte del público ve lógico que el ciclismo pruebe formatos nuevos, para no hablar siempre al mismo aficionado. Otra cree que un gran evento deportivo necesita proteger los tiempos de trabajo, la concentración de los corredores y unas normas iguales para todos.

La consecuencia inmediata es bastante tangible: la apuesta por una creadora continúa, pero ahora pasa por permisos, coordinación y límites operativos. El experimento no se ha cancelado. Se ha ajustado sobre la marcha.

De un acceso restringido en una carrera, pasamos a una polémica mucho más delicada en un directo.

Aruberuto Makoto, nombre con el que se conoce al streamer Alberto Alonso, sigue en el centro de la conversación por varios fragmentos grabados en Tokio. En ellos aparece junto a una mujer que parece estar ebria, mientras él y un acompañante hacen comentarios sexuales.

Después circularon referencias a otro vídeo grabado en un supermercado. Además, su perfil de Instagram dejó de estar disponible o eliminó sus publicaciones.

El streamer ha defendido que era humor y que los clips se sacaron de contexto. En redes, en cambio, la discusión se ha concentrado en algo muy concreto: si una situación de aparente vulnerabilidad puede convertirse en material para un directo, y en qué condiciones se graba a otras personas.

Los fragmentos existen y han circulado ampliamente. Lo que no corresponde afirmar es una conclusión legal cerrada sobre lo ocurrido o sobre el consentimiento de la mujer.

La consecuencia visible, por ahora, está en el perfil. La desaparición de contenido en Instagram no prueba una sanción de la plataforma, pero sí muestra que la presión pública ha tenido efecto.

También ha reabierto las críticas al modelo de directos de calle y a plataformas como Kick, cuya moderación suele percibirse como menos estricta que la de otras alternativas.

La pregunta ya no es solo qué pasó en esos vídeos. También es cómo responden creadores y plataformas cuando el contenido sigue circulando, aunque las publicaciones originales desaparezcan.

Otro caso que ha saltado de la pantalla a una decisión institucional es el de Miguel Assal.

El divulgador de primeros auxilios y agente del SAMU mantiene prevista una charla sobre emergencias en Granadilla de Abona, el 31 de octubre. El ayuntamiento no ha retirado el acto, pese a la polémica surgida por declaraciones y vídeos difundidos en redes sobre situaciones de riesgo para mujeres en zonas de corrientes.

La discusión no gira únicamente alrededor de un clip. Se trata de si una institución debe revisar los contenidos controvertidos de un creador antes de mantenerlo como ponente, incluso cuando cuenta con experiencia profesional y una comunidad enorme.

La continuidad de la charla no equivale a respaldar cada afirmación que haya generado críticas. Pero sí confirma que, de momento, la polémica no ha derivado en una cancelación.

Y eso ha dividido la reacción. Hay quien pide más filtros para las contrataciones públicas. Y quien defiende separar una actividad formativa de una controversia concreta en redes.

Para cerrar, sigue viva la etiqueta de la «caída de los influencers». Aunque conviene tomarla por lo que es: una conversación social, no un desplome demostrado del sector.

Bajo esa idea se mezclan críticas a la publicidad, estilos de vida que parte de la audiencia siente lejanos y polémicas de nombres como Roro, El Xokas, Violeta Mangriñán o Marta Díaz.

Hay vídeos de rechazo, llamadas al boicot y marcas más atentas a cualquier tendencia negativa. Pero no hay una prueba de que las audiencias o los ingresos de todo el sector estén cayendo en bloque.

Lo que sí se ve esta semana es una reacción más rápida alrededor de cada caso.

La Vuelta revisa accesos. El perfil de Aruberuto Makoto queda bajo presión. Y Granadilla de Abona mantiene su cita con Miguel Assal mientras continúa el debate.

Son conversaciones distintas, pero todas ponen el foco en lo mismo: qué hacen organizaciones, plataformas y creadores cuando el vídeo ya se ha hecho viral.

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